Sin medir las consecuencias…Una historia de frontera

Nogales, Sonora.- El destino de Zulema Noemi “F”, una mexicana residente de Nogales, Sonora, ya no está en sus manos.

Depende, en gran medida de un funcionario judicial de larga trayectoria y oficio.

Se trata del Magistrado de la Corte de Arizona, el mexicoamericano Bernardo P. Velazco.

No es nuevo, pero tampoco es blando:  Hace 45 años egresó de la Universidad de Arizona, en donde estudió leyes, y luego un doctorado en la prestigiada escuela “James E. Rogers”.

Desde entonces ha tenido una larga trayectoria que fue coronada a partir del año 2000 con el cargo que ahora ocupa.

El principal problema de Zulema Noemi es que Bernardo laboró en el reconocido despacho “Harolson Kinerk and Moner PC”, en Tucson, en donde le tocó defender a varios casos como el suyo.

Eso lo hace conocer todos los recursos legales utilizados para tratar de liberarla.

Ella tiene además un agravante más, imperdonable para muchos jueces:

Haber utilizado a su propia hija, de apenas 5 años, como un intento de señuelo para distraer a los agentes aduanales estadounidenses para cruzar droga.

El Martes 25 de Julio, todavía somnolienta, Zulema Noemi “F”, levantó a su hija, de apenas 5 años, de su cama donde dormía y, a regañadientes, la subió a su carro y se la llevó a la “Línea”.

Tenía planeado “cruzar” hacia Estados Unidos por la Garita “Mariposa”, ubicada en los linderos de la ciudad.

Ya antes, en al menos tres ocasiones anteriores lo había hecho y había cruzado sin contra tiempos.

En todos los casos llevaba droga.

Varias drogas.

Un día antes, el Lunes 24 de Junio, mientras estaba en su casa, recibió el aviso vía su celular de un traficante de drogas de Nogales.

Sólo le dijo que necesitaba sus “servicios”.

Ella sabía de qué se trataba.

Esa era un diálogo conocido para ella.

Le dijo entonces a su interlocutor y jefe que fuera por el carro y se lo entregó.

Ella no supo de la unidad sino hasta por la tarde-noche de ese día.

Se lo habían regresado “cargado”.

Ella ni siquiera sabía lo que llevaba ni cuánto llevaba.

En ese negocio está prohibido preguntar de más.

Incluso, saber de más.

Ella, dedicada a eso desde hacía meses, lo sabía.

Lo había aprendido.

Ahora, sentada en su unidad, en la larga cola de vehículos para cruzar hacia Estados Unidos ya había aprendido:

Su hija, su pequeñita hija, sería de nuevo el elemento distractor de los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés) para cruzar sin problemas.

Al menos era lo que ella esperaba.

Algo salió mal

A bordo de su automóvil Volkswagen tipo Passat, modelo 2006, arribó al punto de cruce.

Un agente del CBP en turno la interrogó.

Le preguntó hacia dónde iba.

“De compras”, contestó ella.

El agente volteó entonces y vio a su hija, sentada en el asiento posterior, quien ya despierta sólo lo observó.

El agente había revisado antes de abordarla, en la computadora de cruce, al introducir los números de placas de la unidad.

Detectó que Zulema Noemi “F” siempre cruzaba a esa hora y siempre, lo cual levantó sospechas, lo hacía con su hija.

Por ello le solicitó abrir la cajuela de la unidad.

Pero no lo hizo sólo:

Llevó a un perro adiestrado en detección de narcóticos.

Este de inmediato se inquietó.

Algo había en esa unidad, en ese interior, que lo alteraba.

El agente se alertó y alertó a tres colegas suyos quienes, sigilosos, se acercaron y rodearon la unidad.

En el fondo del maletero, en una de las alfombras que lo recubrían había una alteración.

El perro no dejaba de indicarlo con sus ladridos.

Por ello la unidad, junto con sus ocupantes, fueron obligadas a ir a la “Segunda Revisión”, el procedimiento que utilizan los agentes estadunidenses fronterizos para inspeccionar con más detalle los vehículos sospechosos.

El perro no dejaba de ladrar.

Lo alejaron.

Zulema Noemi “F” y su hija fueron bajadas de la unidad y puestas en custodia preventiva.

Ella abrazaba a su hija tratando de brindarle una seguridad que sabía se estaba perdiendo.

La sorpresa empezó cuando los agentes del CBP desprendieron una parte de la alfombra de la cajuela:

En el interior había 208 paquetes envueltos de manera cuidados en celofán.

Luego inició el recuento:

En 6 de esos paquetes, luego de ser pesados y revisados, se detectaron 7.14 kilos de cocaína en su interior.

En 192 paquetes más los agentes aduanales contabilizaron 93.58 kilos de la droga sintética conocida como metanfetamina.

Siguieron contando:

En 8 más hallaron heroína y al pesar los paquetes se dieron cuenta que al sumarlos eran 4.58 kilos.

Solo faltaban 2 paquetes y en ellos, por la textura, los agentes determinaron que lo que Zulema Noemi “F” llevaba era la poderosa droga Fentanilo.

En este caso el peso les dio 174.9 gramos.

En un solo viaje, sin saberlo y sin dimensionarlo, Zulema Noemi “F”, una “Mula Humana del Narco”, llevaba más de 2 millones de dólares en droga, a precio de mercado en las calles.

Por ello, por llevarla, se lo había dicho su traficante, su jefe, el que nunca aparece en los expedientes judiciales, el que nunca está en la cárcel, recibiría entre 1,500 ó 2,000 dólares.

De la cantidad final dependía de la entrega y la efectividad para cumplir las órdenes.

Ahora, recluida en un cuarto de interrogatorio de la “Garita de Mariposas”, en el suelo americano, Zulema Noemi “F”, empezaba dimensionar su osadía.

Ante el agente Hejiz Curry, de Aduanas y Protección Fronteriza, confesó que a eso se dedicaba, que era “Una Mula Humana del Narco”.

También les dijo, en una charla video grabada con su autorización, que recordaba haberlo hecho al menos en 4 ocasiones anteriores.

Les detalló, derrotada por los hechos y las duras preguntas de los agentes de aduanas, que su ruta era Nogales-Phoenix, Arizona, hasta donde ese día planeaba viajar acompañada de su hija.

Esta, ya despierta, fue entregada a un familiar suyo en la frontera.

Su madre quedó detenida.

Los cargos

La vida de Zulema Noemi “F” había cambiado diametralmente.

Recluida en la prisión correccional de Tucson, en espera de ser llevada a juicio, sólo pedía ver a su hija.

Aquella fiel y somnolienta compañera de viaje en la ruta Nogales-Phoenix.

Pero le ha sido negada.

Su caso, apenas comienza:

Enfrenta 10 cargos por tráfico de drogas que la pueden llevar a más de 20 años en prisión.

Michael Bailey, el Fiscal de Distrito, no ha tenido piedad a la hora de fincarle los cargos.

A través del Asistente de Distrito, Brian Hopkins, le han anticipado lo duro que será en el juicio por los cargos que le ha imputado en cada caso de las drogas decomisadas:

1.- Cocaína: Importación y conspiración con la intención de distribuir 7.14 kilos de cocaína.

2.- Metanfetamina: Importación y conspiración con la intención de distribuir 93.58 kilos de metanfetamina.

3.- Heroína: Importación y conspiración con la intención de distribuir 4.58 kilos de heroína.

4.- Fentanilo: Importación y conspiración con la intención de distribuir 174.9 gramos de Fentanilo.

La defensa ha solicitado su libertad, pero las condicionantes del “duro” magistrado Bernardo P. Velasco, quien tiene en sus manos el destino de Zulema Noemi “F”, una de las “Mulas Humanas del Narco”, han frenado su liberación.

Mientras una niña de 5 años, en Nogales, Sonora, pregunta todos los días por su madre a quien, por ahora, todavía no puede ni visitar en prisión.

Autor entrada: admin

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